Pocas experiencias musicales han quedado grabadas en mi memoria con tanta intensidad como la vivida hace unos días de la mano del mismísimo Ron Carter y los tres magníficos músicos que le acompañaban, Ron Carter Foursight.

Pocas interpretaciones me han emocionado y estremecido como lo consiguieron Carter y los suyos. Toda una demostración de genialidad y perfecta sincronía sin una sola partitura en el escenario.

Como testigo, un auditorio abarrotado hasta las paredes (literalmente) en un silencio tal, que hasta un sólo de triángulo (sí, de triángulo) reinó entre un público que contenía la respiración maravillado. Aquella noche sobraban las palabras. Todo lo ocupaba una música que fluía espontánea e infinita, en la que cada genio aportaba su pincelada en un discurso improvisado, cambiante, natural y perfectamente enlazado. Swing, funk, ritmos latinos… todo cabía en este cariñoso guiño a Miles Davis.

(la foto no es mia)

(la foto no es mia)

Seré sincero, yo nunca había sido muy Jazzero, pero momentos como estos a lo largo de dos años me han ido marcando y me han dejado sensaciones imposibles de olvidar. Un vínculo imborrable con el Jazz que ha acabado reflejándose hasta en mi iPod.

Cada día aprecio más el auténtico LUJO que supone vivir en una auténtica catedral del Jazz en la capital, como lo es el Johnny.

Un LUJO.

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