Dicen que las cosas buenas se hacen esperar. Maldita la espera, digo yo.
Tras una semana echando de menos a la querida amarillenta, abriendo al cartero casi antes de que levantara el dedo del botón, y sin tener nada que echarme a la planta de los pies (salvo alguna que otra Starboard de escuela); el bendito repartidor, siguiendo escrupulosamente lo establecido en la ley de Murphy, llamó a mi puerta precisamente la mañana que yo no estaba en casa. Suma y sigue…
Se hizo esperar, pero ya estaba aquí. Imponente. Preciosa. Sencillamente preciosa.

Aún tuve que esperar dos días para poder estrenarla, dos días en los que la nueva inquilina anduvo por casa y en los que aproveché para observar con detenimiento cada uno de los detalles de construcción y acabado. Impecable. Perfecta. Se me ponía la piel de gallina nada más pensar en las sensaciones que prometía dar en el agua. Una de las tablas más veloces jamás construidas…
No voy a negarlo. Mientras tanto, andaba yo con una sonrisa de oreja a oreja permanente las 24 horas del día. Como un niño con juguete nuevo. Y a punto de estrenarlo…

La previsión no auguraba nada del otro mundo. Viento flojo, térmico del norte a lo largo de la tarde. Al agua patos. Vela de race, 7.8 con cambers. A ver cómo se comporta con pocos nudos.
Primera sensación: me hundo. No peso demasiado, pero 128 litros en agua dulce no dan para mucho. En movimiento la proa emerge y navega a buen ritmo. Es algo inestable, pero noble. Las trasluchadas deliciosas. Promete.

Empiezan a entrar algunas rachitas y aquí ponemos punto y aparte. El SlalomPepino despega con un sonido de cazabombardero. Aquello empieza a acelerar y acelerar… y se me empieza a dibujar la sonrisa en la cara. Es muy rápida. Casi no hace ola. Se lanza a los giros con una sensación telepática, sin prácticamente insinuarlos con el pie. Una pena que estas buenas rachas escaparan a la cámara.

Lástima de viento. La previsión se cumplió y entró lo poco que tenía que entrar, sin regalos. Aunque fue lo suficiente para que ella me dejara bien claras sus intenciones. Menuda bomba… pero este windsurfista va a necesitar un buen entrenamiento para empezar a sacarle partido dignamente.

Tiempo al tiempo. Las cosas buenas se hacen esperar. O eso dicen…

Entradas (RSS)